#EspecialCarpenter Dark Star (1974)

"Talk to the bomb. You have to talk to it, Doolittle.
 Teach it PHENOMENOLOGY".

A principio de los 70's un joven John Carpenter, junto a un también mancebo Dan O'Bannon comenzaron la producción de Dark Star, idea que concibieron en sus años universitarios y que por fin tendrían la oportunidad de concretar. Una película que en su rareza nos enseñaría, entre otras cosas, la peligrosidad de confundir a Husserl con Descartes y con la que he querido comenzar este pequeño especial.

Space surf
En tiempos en que la ficción en el espacio remitía a 2001 Space Odyssey, Dark Star aparece con sus rudimentarios efectos especiales y su comedia (a veces sin intención). Una película extraña en el buen sentido, una en la que se aprecia la libertad creativa de dos estudiantes aún ajenos a la tiranía hollywoodense. A diferencia de Alíen - segundo proyecto de O'Bannon- más que el terror de encontrarse a la deriva en la inconmensurabilidad del espacio, atrapados con una criatura hostil, se trata del coqueteo con la locura. 

Se enfoca en la tragedia de 5 astronautas encargados de eliminar planetas inestables e impedir que pongan en peligro la integridad de la tierra. Misión que los ha mantenido a la deriva en el espacio durante varios años, por lo que es más un monólogo de cuatro partes, de personajes que aunque juntos sólo conversan consigo mismos, un poco por la locura provocada por el largo tiempo en el espacio, un poco por lo que le ocurre a muestras mentes cuando tenemos tiempo para reflexionar y nada más. 

Oh! Sapientísimo comandante Powell
El ensimismamiento inducido por el aislamiento prolongado y los breves diálogos infructíferos que mantienen con las autoridades del planeta, para quienes no son prioridad, constituyen esta aventura que recuerda las pesadillas de don K. Dick y el espíritu de Esperando a Godot. Siendo rigurosos, nada le gana a una tripulación que debe persuadir a una bomba de no explotar utilizando la fenomenología, pero fracasando al confundir las Meditaciones Cartesianas con las Meditaciones Metafísicas, ni la angustia de Sandra Bullock en Gravity, ni la grandilocuencia de Nolan. 

El hombre caído a la existencia
Una joya cuyo valor reside en su ejercicio. En su intento por abarcar el diálogo de sordos del hombre con la tecnología, del hombre consigo mismo y del hombre con lo inconmensurable, con la imposibilidad de la trascendencia y el abandono a nuestro finitud. El darse a la existencia y el ser ahí heideggeriano, el ir a las cosas mismas traspuesto con el los sentidos nos engañan, Extraña, ingenua, sin sentido, y un vistazo a los orígenes de la carrera de uno de los grandes genios del cine independiente -ocasionalmente compartido en producciones más ambiciosas-, a quien dedico este especial.

 

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