I've Made a Huge Mistake

Hace un par de meses mi vida se reducía a ver series en maratón, escribir un par de reviews, hacer Mal Gusto, y jugar con mis gatos, pero todo cambió cuando me reencontré con gente llena de proyectos y me contagié con su entusiasmo. Sólo un pequeño cambio de contexto puede catalizar cosas importantes, pero no es suficiente por sí mismo. He pasado por transformaciones bastante violentas en el espacio de unos años y hace un par de semanas me di cuenta que aún tengo mucho que resolver.

Y en medio de la frustración por un proyecto fracasado entendí que había cometido un gran error, error en el que había insistido durante años. 
I know that feel  (っ˘̩╭╮˘̩)っ
Porque sí, para producir proyectos exitosos primero hay que TENER proyectos (y el paso entre la inacción y la acción puede ser el más difícil), pero una vez que los tienes ni todo el entusiasmo del mundo te salva de caer en esas cuestiones propias de la gestión que, para personalidades anti-personas como la mía, resultan casi insufribles. Sobreponerse a las tareas tediosas, a esos aspectos poco queribles del proceso creativo como el practicar lo que te sale mal aunque te mate de aburrimiento o salir de tu zona cómoda para adquirir conocimientos que nunca pensaste llegarías a dominar (me refiero a ti, processing), y sobreponerse a la frustración son pasos imprescindibles para sacar adelante lo que te propones.

Pero en mi ceguera tipo Zuko se me escapaba un pequeño gran detalle: lo importante que es contar con un buen equipo. Un equipo cohesionado y funcional -aunque sólo se trate de dos amigos contra el mundo- puede ser la clave en el triunfo o fracaso de cualquier proyecto. Cuestión que me imagino varios hemos venido escuchando como un mantra durante mucho tiempo pero que, cuando te ocurre, cuando sientes la ausencia de esa contraparte que te sostenga y motive cuando tus fuerzas flaquean, se vuelve una realidad ineludible.

Ocurrió que pasé del tedio al entusiasmo en sólo unas semanas y mi cabeza se llenó de nuevas ideas que quería realizar en el menor tiempo posible, pero fue produciendo algunas de ellas y viéndolas hundirse que me di cuenta que mi gran problema era el estar forzando un equipo. Y entonces recordé el dilema de Deb y tuve una revelación. 

Deb, te debo tanto...
Forzándolo no tanto por la necesidad de tener un equipo como por miedo a arriesgarme por mí misma y encarar las consecuencias de un proyecto fracasado. Fue en una noche crítica, luego de semanas rogando por ayuda con el desarrollo temático y conceptual y días pidiendo asistencia con los equipos que, entre lágrimas y risa entendí que el problema no eran ellos sino yo, que durante largo tiempo creí que el resto del mundo debía marchar a mi paso y ajustarse a mis necesidades.

Al revés :C
Mi problema era entonces el aferrarme a un equipo que no es equipo en primer lugar, sino personas con intereses y metas distintas a las mías. Pero más grave aún, que la insistencia en dicho error se sostiene en el miedo a tomar riesgos y enfrentar las consecuencias, miedo a dar la cara, exponerse y fracasar. Admito que fue un momento bastante emo y les juro oí ♪ Hello darkness my old friend ♪ sonando de fondo a mi patética escena, pero fue también un momento liberador (aunque suene jipi) que me permitió entender que no puedo forzar algo que debería ser espontáneo, pero también, que no me puedo detener simplemente por el miedo. 

¿Cuál es el final feliz entonces? En realidad es más un final abierto, estoy en medio de varios proyectos -uno en especial que me tiene con todo el hype pero aún no puedo contarles nada- y con toda la serenidad del método, de avanzar ordenada y profesionalmente para que se hagan realidad, ya no con la frustración de tener que "rogar" por ayuda sino con la disposición de recibirla si se me entrega y de trabajar más si tengo que hacerlo. 

La nueva yo
Este es mi reporte de cosas que dicta el sentido común pero que aprendo a golpes porque nací sin ninguno, ojalá mi ineptitud le sirva a algún despistado por allí.  



   

      

 

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