Especial Luc Besson: El Beso del Dragón [2001]

A pesar que no se trata completamente de una película de Besson sino de una colaboración conjunta con Jet Li, El Beso del Dragón (Kiss of the Dragon, 2001) nos ofrece secuencias de peleas hermosamente coreografiadas y aún mejor ejecutadas, de aquellas que recuerdan lo artístico de las artes marciales y a las que tan acostumbrados nos tenía Jet Li en los albores de su carrera cinematográfica. 
(Balbuceos fangirlísticos)

El guión de Besson impone su mirada pero sabe reproducir en los detalles la historia original de Li. Y no me refiero solamente a su argumento, que se resumen en cómo un heroico policía chino llega a Francia para asistir a las fuerzas de orden locales en una delicada operación que involucra prominentes figuras políticas y del narcotráfico, pero al descubrir la corrupción que esclaviza a sus colegas es convertido en chivo expiatorio y prófugo de la justicia. Para limpiar su nombre y detener al jefe de policía une fuerzas con una desdichada norteamericana caída a la prostitución víctima del mismo verdugo que nuestro protagonista. 

Y sí, a pesar de su trama convencional en la que el héroe rescata a la doncella del monstruo que la mantiene cautiva, librando épicas batallas haciendo gala de su valentía, su integridad y su habilidad, en sus detalles y adecuaciones le da un giro importante a un relato aparentemente irrelevante. 
Cyril Raffaelli, guerrero de clase alta.

Primero, es la doncella quien guarda la clave para la salvación de nuestro héroe y quien de paso aterriza sus expectativas, aquello que se le aparece a nuestro protagonista como el peor de los calvarios es el diario vivir de Jessica -y de tantas otras como ella- ya que como bien le reclama ella; el problema no es quién está al mando sino el ordenamiento basado en la explotación insensible de los que están abajo. Segundo, nuestro héroe en cuestión es desde el principio devuelto a su condición de extranjero primitivo por el monstruo de turno, quien en un acto amparado en los siglos de violencia colonialista y prepotencia primermundista se niega aprender el bello nombre de Liu Jian y lo rebautiza como "Johnny". Y por último, no es en su blanco corcel ni blandiendo su noble espada que Liu se enfrenta al dragón para librarnos del mal, sino con sangre en sus puños y haciendo uso de la técnica prohibida "el beso del dragón" para acabar no con el mal sino con una de sus tantas encarnaciones. 

Una película que no sólo demuestra la superioridad técnica del Kung Fu sino que ironiza con la soberbia occidental, y que mantiene esa violencia descarnada del lado de la explotación y el abuso antes que de los puños y las armas.

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