Xx__Nunca__Tuve__Fotolog__xX

Me pasa que hace unos meses pude dejar mi pega (estuve trabajando ahí desde que comencé la U) para darme el tiempo de pensar en qué es lo que realmente me gustaría hacer, pero semanas han pasado y aún soy incapaz de decidir siquiera qué poner en el buscador. La verdad es que quise estudiar cine desde los 13 años así que nunca me había tocado pasar por una crisis vocacional hasta ahora, y heme aquí, con tantas posibilidades y sin ninguna motivación. 
A principios del 2000 escuchábamos brit y usábamos delineador negro. 

Creo que la persistencia de mi indecisión tiene que ver con que he estado buscando respuestas en mi pasado más cercano -mi vida universitaria-, tratando de encontrar el momento exacto en que dejó de gustarme mi carrera (y digo carrera porque aún amo el cine y las series) pero dejando de lado la persona que era cuando aún no conocía el ambiente artishtico. Hace poco empecé a desempolvar mis recuerdos adolescentes, incluso los vergonzosos, para reencontrarme con esa ingenua y soberbia enana que se pasaba las tardes dibujando y las noches viendo películas tipo B. Pero no sólo los recuerdos de mí misma regresaron, sino también los de mis amigos, mis compañeras de curso y "mi generación", con lo cual no puedo evitar pensar en todas las cosas que no hice por ocuparme con demasiada diligencia de mi odio general a la existencia.


También había harto de esto.
Y verán, me resté a mi misma de muchas de las actividades de mi grupo social (al menos sí formé parte de una pandilla de desadaptados): nunca jugué rol, nunca carretee en la blondie/el carrera, nunca fui a los eventos de animé, nunca hice cosplay, nunca fui a ver a Placebo y NUNCA TUVE FOTOLOG. Pero no era ni timidez ni falta de coraje, era pura convicción. Por aquel entonces decidí conscientemente no hacer nunca de esas cosas, y en vez prefería quedarme en la casa y noquearme con películas extrañas y libros que lo eran aún más. Me decía a mí misma que los carretes eran un sinsentido y que el fotolog era para gente esclavizada a la opinión que otros pudieran tener de ellos (hoy, con el advenimiento de las redes sociales y sus perfiles comprendo que fue más porque soy el Chadler Bing de las selfies) pero en realidad fue porque creí no necesitar a nadie más. 

Me bastaban mis películas y mis libros y mis dibujos y mis pensamientos y considerando el nivel de soberbia e indulgencia me sorprende haber tenido tan buenos amigos (si están por ahí sepan que hoy los aprecio más). El problema es que aunque las series, películas, libros y demases tienen la particularidad de mostrarnos caminos hacia mundos, historias y experiencias que no podríamos visitar de no ser por la ficción, también es cierto que es un camino de una sola vía, que mientras tenemos acceso a la intimidad de esos personajes y somos interpelados por ellos no estamos obligados a devolverles el favor, a confesarles nada, a compartir nada de nosotros mismos. 
Película obligada para ver a las 4 de la mañana.


Y es así como me doy cuenta -con esta autoreflexión tan emo que enorgullecería a mi yo de 15 años- que ese desprecio hacia el mundo, que esa pretendida autonomía estaban arraigadas en el egoísmo, en el no querer compartir lo que en realidad pasaba por mi cabeza. Mi croquera y mis cuadernos eran objetos sagrados y consagrados al secretismo, nunca compartí lo que hacía porque creí que la opinión del resto no importaba, pero en realidad pude simplemente haber tenido pánico escénico. Todo lo cual me lleva, inevitablemente, a concluir que mis luchas con mi carrera y con el quehacer creativo en general no cesarán hasta que sea capaz de superar ese egoísmo, ¿quién dice que Internet no aporta al (auto)conocimiento?.     


   

1 comentarios:

Guillermo Alarcón dijo...

No se como termine leyendo esto pero ta buenoo jaja

 

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