Especial Luc Besson : Nikita [1990]

Hace poco me tocó ver Lucy, lo nuevo de Luc Besson que pronto llegará a nuestras salas, la película me sorprendió bastante por jugársela con una crítica bastante olvidada a nuestras instituciones de conocimiento. Lo que me motivó para retomar todas esas obras de Besson que he visto a lo largo de los años y ponerme al día con las que aún no veo, aquí comienza mi humilde especial.
Nikita en toda su extensión.
No había tenido ocasión de ver esta Nikita [1990], que es una de las películas con las que Besson amplio su influencia, y con la referencia de sus adaptaciones televisivas me esperaba un adrenalínico thriller que mostrara la impecable eficiencia de una mujer sin miramientos pero a cambio encontré algo mucho mejor, un sentido relato sobre la vida de una chica que pasó de ser paria a "servirle a su país" en el más repugnante de los sentidos.

El relato parte con una Nikita fuera de sí, consumida por las drogas pero suficientemente indomable como para asesinar a sangre fría a varios policías, crimen que le costó una dura sentencia y cuya única salida es el fingir su muerte y renacer como un agente especial encargado de realizar el trabajo sucio. En su rebeldía, bellamente representada en su estética punk, Nikita se resiste a la domesticación pero enfrentándose a la soledad y el desamparo decide poner de su parte y completar su entrenamiento, el cual -y he aquí la parte más interesante- no sólo consiste en adquirir habilidades marciales e intelectuales sino también en pulir su casi inexistente "femeneidad" (inexistente al menos a los ojos de los protocolos sociales) que como bien le indica una de sus guías, abre el camino a grandes ventajas, femeneidad que como adivinarán consiste en usar maquillaje y sonreír harto para complacer al resto.
Esto opina la primera Nikita del amor romántico.
 Y así es como una salvaje y desalineada Nikita pasa a ser una eficaz agente y relativamente funcional ciudadana, una vez graduada participa de varios operativos con éxito e incluso encuentra el amor y se involucra en un compromiso estable descubriendo una nueva gama de emociones de las que antes, en su estado salvaje, no tenía mayor consciencia.

Pero dado que el precio por su crimen es dedicarse -en cuerpo y alma, literalmente- al servicio de la patricia, pronto comienza a experimentar las contradicciones de su nueva emocionalidad enfrentada a la crueldad de su trabajo, conflicto inteligentemente condensado en una de sus escenas finales en la que nuestra protagonista sostiene en ropa interior el arma con la cual debe asesinar a su próximo objetivo, expuesta en ropa interior mientras su prometido le exige confesiones sobre su pasado al otro lado de la puerta del baño. Escena que representa los muchos niveles de violencia que sufre Nikita, la sexual, la emocional y la material siendo el síntoma más claro de aún sin cadenas continúa siendo una esclava de las necesidades y deseos de otros.
El epítome de la violencia
Esclavitud y violencias reafirmadas en la escena final, aquella en que la ausencia de Nikita reúne a los dos hombres que rigen su vida, su "jefe" Bob (Tcheky Karyo) y su prometido Marco (Jean-Hugues Anglade) y los hace discutir sobre el mejor futuro para ella en la ficción de que ambos tienen algo que decir al respecto -allí donde la vida de Nikita le pertenece solo a ella-, excusando su machismo con el amor y preocupación que dicen profesarle.    

Al final, una película que lejos de mostrarnos una heroína perfecta y a prueba de balas nos introduce en el drama de una mujer -que se parece en parte al de toda mujer- a la que todos pretender encerrar en jaulas metafóricas y decirle qué es lo mejor para ella. En la que además se introduce a Jean Reno como Victor, "el limpiador", un personaje que parece el origen de esa maravilla que es Léon, The Professional

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