Series Que No Puedo Dejar de Ver: Supernatural

Con tantas buenas ficciones estrenándose año a año, con los Hannibal y los Fargo y los True Detective invadiendo las pantallas a veces necesito desconectarme del modo análisis/comentario-serio y buscar una serie liviana, de esas para ver a la hora de almuerzo. Con esa ingenuidad -y ese prejuicio, lo reconozco- llegué a ver Supernatural, una serie ultra conocida por el ímpetu de su fandom (es cosa de ver Tumblr) y que creí me proporcionaría solo horas de entretenimiento sobrenatural, amor filial y un toque de gore.



Y durante los primeros episodios así fue, una serie que mezcla la tragedia del pasado de los Winchester con la cómica convivencia entre hermanos y por supuesto, las diversas interpretaciones de su bromance. Pero de un momento a otro empecé a notar que no solo de fanservice vive Supernatural (al menos no es sus primeras entregas), sino que capítulo a capítulo afloran numerosas y heterogéneas alusiones a otras obras de la cultura pop -desde los cybermen a Batman- y no sólo eso, sino que existen varios episodios que tributan a clásicos del género de terror emulándolos estructuralmente y haciéndonos notar que la serie posee una grado de autoconsciencia alimentándose y explicitando sus referentes (aceptándose a sí misma como el collage que es). Y también, incluyendo la breve intromisión de un personaje que representa la voz del fandom, tal como lo haría Sherlock en su temporada más reciente, un gesto cada vez más común y que demuestra la dialéctica que se produce entre las series y los fanarts.


Y a pesar de mi amplia distancia con el cristianismo, el arco de los ángeles y el apocalipsis me hace sentido no sólo por el fetichismo en que ha derivado sino porque, tímida y humildemente plantean una idea que si bien no es nueva siempre es importante recordar. Que no es la brutalidad ni el mal que nos lleva a declarar infinitas guerras y vivir aniquilándonos los unos a los otros lo que nos separa de la gracia de Dios y la perfección de sus ángeles -que no son sino soldados- pues lo que verdaderamente nos diferencia de estos últimos es el que hemos desobedecido y que lo hacemos constantemente, es la duda (el cogito ergo sum, al final). El sentido del deber y la obediencia ciega son los principales valores con que se nos presenta el mundo celestial en un comienzo, aunque por supuesto es una idea amortiguada por el tono general de la serie.


Una serie que creí frívola y que terminó siendo, en su honestidad y falta de pretensión, bastante más de lo que esperaba. Tanto así que, en poco más de una semana, ya he comenzado con la quinta temporada (sí, a veces me doy miedo a mi misma) y pasó de ser una serie para ver en el almuerzo, a una para ver durante todas las comidas del día y ocasionalmente reemplazando otros deberes. Y tal como Sam ha tenido que luchar contra el monstruo que lleva dentro y aprender a domesticarlo, he tenido que aprender a autocontrolarme y medir mi dosis de Supernatural aunque basta un breve paseo por Tumblr para entender que no estoy sola.

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