Mi primer año como Blogger

Días atrás se cumplió un años desde que comencé a escribir por este medio y probablemente este ha sido el post que más me ha costado escribir, cosa que me sorprende teniendo tanto que contar pero después de meditar un rato me doy cuenta  que he tratado de ignorar las consecuencias de todos los cambios que he vivido en el último año, porque pensar en ello significa tener que tomar resoluciones sobre mi situación actual que me obligarían a dejar ciertos lugares y ciertas personas. Pero ya va siendo hora que honre la maravillosa experiencia que ha sido este blog, el que me permitió dejar de lado muchas cosas indeseables de mi pasado.

Ser blogger también ha sido terapéutico para mí, John. 
Hace un año estaba viviendo mi propia transición hacia un tiempo menos emo que aquel en el que había habitado desde siempre, básicamente porque entendí que por muy necesario que es el ejercicio crítico (en el espacio académico y en ejercicio del pensamiento) es muy sencillo caer en esa actitud viciada de apuntar a todos con el dedo desde la comodidad de nuestro hogar, poblar el espacio con un hastío que poco importa y lo que es peor, creer que nuestras sapientísimas quejas reflexiones se bastan a sí mismas y poseen un valor filosófico tal, que por el sólo hecho de emitirlas cambiaremos el mundo a nuestro alrededor. En fin, una actitud llena de soberbia y autocomplacencia -como comenté en un post anterior- y que me tenía estancada así que, decidida a dejar atrás ese tiempo oscuro recibí uno de los mejores consejos y abrí este blog.


Y entonces -para decirlo en palabras bonitas- me ocurrió Internet, un espacio barroco y paradigmático aparentemente infinito que te maravilla, enriquece y esclaviza, pero me reconozco afortunada porque hasta ahora he experimenta puras cosas buenas y lo que es mejor, me ha permitido conocer gente increíble que me llena de energía y me motiva a seguir trabajando. Mi experiencia favorita ha sido, sin duda, unirme al team KMB y pasar a formar parte de un proyecto hecho con tanto cariño pero también con mucho trabajo, y conocer a un grupo de mujeres que quiero y admiro no sólo porque en su compañía he podido salir del cascarón ñoño y aceptar quien soy sino también porque verlas trabajar es la mejor de las motivaciones.  




Pero sin duda contra lo que más luché fue el aburrimiento y la falta de ganas, desarrollar una rutina de trabajo y autoimponerse cierta disciplina puede resultar particularmente complicado para los que venimos del mundo del "arshte". Sacudirse esa actitud antojadiza y organizar un esquema de trabajo - o la tan temida carta gantt- ha sido lo más difícil pero lo más productivo por lejos. Escribir, como cualquier actividad en general, requiere no sólo de talento sino mucho ejercicio de, y así es como leyendo mis primeros reviews me doy cuenta de los miles de errores que contienen. Creo que de vez en cuando es bueno volver sobre los trabajos pasados, "los textos nos hablan de formas distintas" me dijo un día uno de mis maestros y cierto es que a veces no podemos ni reconocernos a nosotros mismos en algo que escribimos hace tiempo pero al leerlos entendemos cuanto hemos cambiados y, si encontramos que nuestros trabajos actuales son mucho mejores, nos damos ánimos porque no todo fue en vano.

En fin, para esta nueva etapa tengo miles de ideas, retomar el ejercicio audiovisual, llevar el podcast al siguiente nivel, hacer crecer a ADC, conocer nuevos compañeros de trabajo pero sobretodo, atreverme más con los post más íntimos. Escribir sobre mis propias experiencias es algo que me cuesta, a pesar de ser una acérrima creyente de que todo decir no es sino un decirse, y que nuestro modo de decir es igual testimonio de quienes somos, reconozco que evito lo más posible escribir este tipo de post, una vieja costumbre que sin duda debo combatir. De todos modos, si ustedes están por ahí, dudosos de abrir un blog o lanzarse a escribir de las cosas que aman y las que detestan sólo les puedo decir que se armen de coraje y se atrevan, porque




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