¡Adiós Universidad!


 Hace algunas semanas me armé de coraje y fui a retirar mi título profesional, un documento por el que siento profundo rencor y que de buena gana lo habría dejado consumirse en las llamas de Torre 15 (el Mordor de los hijos de Bello, un lugar al que nadie quiere ir). Pero como el esfuerzo no es solo mío y creo que en algún punto se hace necesario el cartón (?), aproveché que mis amigos también iban a retirar los suyos para colarme en su cruzada y sumarme al coraje grupal. 

Las razones por las que dicho documento me causa tanto rechazo -cosa que no me pasó cuando retiré mi Licenciatura- se extienden por amplios sectores pero pueden resumirse en todos los malos ratos, la intolerancia y la prepotencia que tuve que soportar para obtenerlo, y la profunda decepción que me llevé de la institución. Y es por eso que, mi primera reacción cuando salí con él en las manos fue de:


 Y también


 Para, terminar con ganas de


Para ser honesta con ustedes, tanto conflicto ideológico con la dirección de la escuela junto con una que otra conducta poco tolerante de parte de ciertos profesores (algunos de los cuales no eran sido una versión poco chistosa de "Vulva", la artista conceptual que atormentaba al pobre Brian en Spaced) fueron mermando poco a poco mi amor por el cine y por el oficio, comencé a desarrollar recelo por todo el conocimiento técnico y procedimental porque no veía ningún correlato entre él y la reflexión crítica del mundo y del propio medio o siquiera, la responsabilidad que todo comunicador posee hacia el público al que interpela. Por supuesto que mi reacción exagerada me llevó a tener serias desventajas en comparación con las habilidades técnicas de mis compañeros, pero lo que más lamento es que no fue en el espacio del cine sino de la teoría crítica el único lugar donde me sentí lo suficientemente libre como para dejar correr mi creatividad.

Muchas veces tuve ganas de dejar la carrera, de no seguir peleando e irme a un lugar donde pudiese estar más cómoda, pero formo parte de la generación de Gokú, y si algo aprendimos del animé es a nunca darnos por vencidos. Como no todo es sufrimiento, tuve la fortuna de conocer a grandes profesores (maestros) que me ayudaron a encontrar mi propio camino, aquello que de verdad me gusta y para lo que soy buena, y que me dieron el coraje para enfrentarme al resto y no ceder los espacios, profesores que, a diferencia de lo que pasaba en gran parte de las clases de cine, no me enseñaban cómo hacer una película o cómo escribir un ensayo, sino por qué. Y como soy persona de motivaciones, el por qué es importante hacer X película y no otra, la honestidad del autor hacia su obra y por extensión, hacia el público para poder construir a partir de allí, es para mí el sentido más primordial del arte y los ejercicios creativos en general. 

En mi camino por ser yo misma, con toda mi emocidad y ese molesto hábito de hacer preguntas, mi experiencia universitaria fue bastante poco grata. Hacia el final, con el proceso de tesis (comprendiendo el de guía y evaluación de la misma) sentí que había ido a parar a una escuela que a pesar de vanagloriarse del  proyecto ilustrado al alero del cual nació la Universidad, lejos de abrazar el espíritu crítico y la necesidad de sacudirse de esa culpable incapacidad de la que hablaba Kant, intentaba suprimir dicho ánimo, restringir nuestro conocimiento y reflexión teórica desde el lugar desde el que quisimos emplazar a nuestros futuros colegas respecto de si el cine chileno hoy contribuye o no a desestabilizar el status quo o si más bien le sirve, hacia un espacio donde toda reflexión al respecto no sirviera sino para consolidar el "valor artístico" de dichas obras, o de criticar aspectos menores, de preferencia formales (que son bastante más superables que los estructurales), de modo de no alterar ningún orden y que todos pudiésemos terminar dándonos las manos, abrazándonos y dándonos golpecitos de felicitaciones en el hombro a la salida de algún festival ondero. 

Tanto así que cuando recibimos los comentarios al ensayo que constituía parte de nuestra tesis y en el que tanto trabajamos para brindarle el cuidado conceptual apropiado al grado académico que representamos, hubo una evaluación en particular que, desbordando madurez y rigor académico, no era muy distinta de 


Hoy, a varios meses de mi egreso por fin he comenzado a reconciliarme con el cine, a reencontrarme con sus herramientas y sus autores dejando de lado la actitud defensiva que mantuve durante tanto tiempo. Sigo creyendo que nuestro medio requiere de una revisión profunda y de una nueva generación que traiga consigo un nuevo discurso, uno que ponga en problemas los cimientos de ese que hoy se produce y distribuye en los círculos especializados. Pero también, soy consciente de que el cine no es ya ese lugar privilegiado para contar historias, y que las dificultades de su producción lo ponen en desventaja respecto de nuevos formatos, en especial con el desarrollo del espacio digital. si me preguntan, creo que la subsistencia del cine está en su capacidad para dialogar ya no sólo con el público sino con otros formatos, de comprender que nos encontramos en otro paradigma, que no sólo el contenido debe cambiar sino también su forma, porque nuestro aparato perceptivo ya no es el mismo. 
En realidad, si algo me ha quedado de mi amarga experiencia universitaria es la necesidad por salir al mundo y adquirir otros conocimientos, probar con nuevos medios, ser dinámico y explotar al máximo la curiosidad, pero sobretodo, arriesgarse. Así que aquí estoy, lista al fin para empezar mi propio camino, uno que me permita combinar todas las cosas que amo, en estos últimos meses he avanzado pero también me he estancado y de a poco voy aprendiendo a lidiar con mis propios miedos pero si Kenshin pudo derrotar a Shishio, creo que yo puedo sacar adelante mis proyectos. 


0 comentarios:

 

Instagram

Tumblr

Sígueme en Twitter