Especial “Three Flavours Cornetto Trilogy: The World's End"



“I remember sitting up there, blood on my knuckles, beer down my shirt, 
sick on my shoes and seeing the orange glow of a new dawn break 
and knowing in my heart life would never feel this good again. 
And you know what? It never did”.
Gary King

Este año por fin llegó a los cines (aunque por acá seguimos esperando) The World’s End, película con la que Wright y Pegg cierran la trilogía Cornetto. Comenzando con una de las secuencias introductorias de 2 minutos a las que nos tienen acostumbrados, esta vez nos presentan a Gary King quien, después de haber tocado fondo, decide reunir de nuevo a la pandilla de antaño para concluir aquello que una vez empezaron y que reconoce fue el mejor momento de su vida, bajo la promesa: Five guys, twelve pubs, fifty pints!

Pero por supuesto que lo que parecía ser otra liviana comedia de la “crisis de los 40” toma un giro inesperado hacia la ciencia ficción (no tan inesperado en realidad o no sería parte de esta trilogía), cuando Gary y los “catalizadores”  descubren que el pueblo del que todos emigraron años atrás, y al que han regresado para una noche de borrachera épica, ha cambiado más de lo que esperaban. Y de ahí en adelante es un carnaval de conspiraciones, colonialismo, cerveza, peleas de bar, atajos y sangre azul, sobretodo sangre azul. 

Y a pesar de presentarse directamente como una comedia, mucho más que Shaun of the Dead y Hot Fuzz, termina siendo la más emotiva de las tres. Hay quienes critican que no tiene la chispa de las anteriores, o que es demasiado extraña la combinación cuarentones borrachos+ extraterrestes+ fin del mundo, pero creo que la acentuada emotividad es un noble gesto final, en especial para los fans. Desde un comienzo Gary confiesa que cuando Mr. Shephard (Pierce Brosnan) le preguntó que quería de la vida, le contestó que “pasarla bien” y “estar con sus amigos” que, aunque suene irrisorio, es la verdad, y de cierto modo podemos sentir que son las palabras del equipo en general, condensado en Pegg, Wright y Frost. Es evidente que disfrutaron haciendo las películas, pero más importante aún, que nos permitieron disfrutar con ellos.

Al final, The World’s End no es una película sobre la madurez sino sobre la falta de ella, y trata de reivindicar el espíritu temerario adolescente como un valor, porque “errar es humano” nos recuerda King, y más que eso, se plantea como lo esencialmente humano, la lucha por la libertad es la lucha por la capacidad de equivocarnos por nosotros mismos, y aprender -o no- por nosotros mismos, que es al final lo que a todos nos toca reclamarle a nuestros padres en algún momento. Es una que nos obliga a repensar aquello que entendemos como “crecer” no es necesariamente sinónimo de conformarse, de cómo nadie debería aguantar que nos digan cuándo ir a dormir nunca más, y de cómo no hay razón para perder a los amigos. Todo acompañado por intertextualidad, diálogos perspicaces y  épicas batallas cuerpo a cuerpo, coronando un digno final para la que debe ser una de las trilogías más sólidas y entretenidas del cine, prueben por ustedes mismos y verán cómo después de verlas dan ganas de repartir abrazos, e intoxicarse con cornettos. 














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