Películas de Culto: “Suicide Club”



“Jisatsu Sâkuru” (“El club del Suicidio”, traducida también como “Suicide Club” y “Suicide Circle”) es -para efectos de la crítica y el rankeo- una película de terror-crimen-drama japonesa dirigida por Shion Sono y estrenada en 2001. Por otro lado, hay opiniones encontradas de gente que se acusa mutuamente de conocer/desconocer algo así como la cultura japonesa y que desde la ignorancia no se puede arribar al sentido último y sublime del film, ¿lo que yo creo? pura pretensión por conceptualizar algo que funciona infinitamente mejor como pura experiencia, pero aún así, hay una o dos cosas que decir a propósito de ella.

La primera es esa, que la vean y la disfruten/sufran por ustedes mismos. Y desde mi propia experiencia, y sólo desde allí, les digo que no vale la pena tratar de hallarle un sentido claro ni una lógica causal, pero no es en pro del shuperloquismo que suspendemos nuestra necesidad por una explicación racional sino para acceder justamente a aquello que la interpela y cuestiona, el principio mismo de la irracionalidad; el que una persona en pleno uso de sus facultades pueda tomar racionalmente la decisión de quitarse la vida. Es en virtud de su premisa que resulta inútil que cualquiera de nosotros, crecidos en un mundo racional, ilustrado y más o menos cristiano (donde al menos aún subsiste la idea de la vida como milagro, como algo sagrado) trate de comprender a simple vista que el suicidio podría no ser una medida desesperada.

Al contrario de lo que nos podemos imaginar cuando nos hablan de una película sobre suicidios masivos y J-pop, ésta no es para nada emo, al contrario, el gran desconcierto lo provoca el hecho de que todos parecen asistir a la muerte con total naturalidad, incluso con cierta alegría, y como en nuestras cabezas la muerte es lo más terrible del mundo, es evidente que nuestra reacción -así como la de la propia policía- sea juzgar algún grado de locura o de influencia de terceros, porque como ya les comentaba, nos es casi imposible creer que alguien pueda suicidarse sin que haya nada de malo en sus cabezas.



Por otro lado, es una película que considero de culto pero no una de esas que te causan placer gore, hay algo de gore por cierto, pero está muy lejos de ser la fiesta que es, por ejemplo, en Braindead. Es una película que creo hay que tomarse en serio, que le pega un martillazo en la cara a todo nuestro orgullo lógico-causal, cosa que es necesaria de vez en cuando, no se trata de descubrir -como los clásicos- si es preferible padecer el mal o causarlo, sino de plantearnos la posibilidad de un mal autoinducido. Una película que vi en mi adolescencia emo-no-hay-esperanza y que me provocó mucha confusión y que revisioné hace poco en Netflix y, aunque no obstante sigo confundida, nada mejor que disfrutar y alegrame por no haber perdido aún la capacidad de asombro.


Los dejo con algo del Soundtrack,



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