Especial “Three Flavours Cornetto Trilogy: Shaun of the Dead”



Shaun of the Dead inaugura esta “Three Flavours Cornetto Trilogy”, conocida también como “The Blood and Ice Cream Trilogy”, y por exótico que puedan parecer estos títulos, anuncian nada más y nada menos que aquello con lo que nos encontraremos; tres historias de gente común y corriente enfrentándose a situaciones extremas donde reina el gore y escasea el helado. Alguna vez declaró Wright -posiblemente en broma- que la bautizó así aludiendo a la trilogía de los 3 colores de Kieslowki, lo que me recuerda otro de sus elementos primordiales, las referencias cinéfilas. Sea en serio o en broma, yo me quedo con ésta sin pensarlo dos veces.

Aunque no están relacionadas argumentalmente, salvo claro los elementos comunes que les mencioné, comparten casi el mismo cast pero parodian géneros distintos. Al final, todo se reduce a Simon Pegg y Nick Frost solos-contra-el-mundo, en realidad, es la hermandad de ambos la que les salva la vida cada vez, entregándole todo un nuevo peso al término “Bro”. Y es Shaun of the Dead el primer y más claro ejemplo de ello, presentándose inicialmente como una suerte de comedia romántica, en la que Shaun (Pegg) debe recuperar el amor de una desencantada Liz quien, luego de los que presumimos son varios esfuerzos por hacerle ver su falta de madurez, decide terminar con él y dejarle el camino libre para que junto a su bff Ed (Frost) puedan continuar su rutina de cervezas en el Winchester y videojuegos.

Santo Tomás dijo alguna vez que todo cuanto es, en tanto es, posee cierto grado de perfección y participa por tanto de cierto grado de bondad. Y lo que no sabía Liz es que se necesitaba de un leve empujón más, algo así como un apocalipsis zombie, para despertar en Shaun un heroísmo que antes solo poseía en potencia, y la gran reivindicación de la película es justamente esa, que es el inútil inmaduro por el que nadie da un peso -aunque luego nos enteramos que no es tan así- quien termina dirigiendo toda la operación de supervivencia, mientras aquellos que más duras críticas le dirigían (los amigos de Liz, Dianne y David, y su padrastro Phillip, un más-allá-de-lo-cool Bill Nighy) sucumben ante la falta de guía y protocolos de comportamiento y terminan, de buenas o de malas ganas, subordinandose al plan de Shaun, el que obviamente involucra al Winchester. Riéndose descaradamente de la figura del bad-ass, cosa que veremos con más detalle en el próximo review con Hot Fuzz, nos brinda tranquilidad y esperanza porque amigos, si Shaun pudo, todos podemos. 

Con un magistral talento para la intertextualidad (ojo ahí Tarantino), una inteligente explotación del montaje rápido y la dupla a prueba de balas que son Pegg y Frost, Shaun of the Dead es un carnaval de trivia y  gore zombie, que al tiempo que se ríe (como cuando Shaun le hace ver a Ed lo ridículo que es mencionar “the zed-word”, recordando que en casi todas las películas del género se usan eufemismos) es un sentido homenaje al género y a sus exponentes. Con directas citas a Romero e incluso a Fulci, y algunas más o menos disimuladas referencias a otros “clásicos” del cine -o díganme si la secuencia inicial del supermercado no les recuerda a Godard- convierten a Shaun of the Dead, y a la trilogía en general como veremos después, en visionado obligatorio para todo el que se declare fan del gore o cinéfilo de la vieja escuela.


Para terminar, me costó mucho sacar este review porque hay miles de cosas que me encantan de esta película, pero entendí que al final nada de lo que he dicho o de lo que pueda decir supera el placer de verla una y otra vez, así que les extiendo la invitación afirmando que sus vidas no estarán completas hasta que la vean. 





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