Cineadicción: El Origen Del Mal



La primera vez que se me cruzó por la mente la idea de estudiar cine tenía 13 años, y me mantuve firme en mi decisión durante toda mi enseñanza media, de hecho, no fue sino hasta que entré a la U y tuve que convivir con el lado más feo de la realización audiovisual en Chile que sentí arrepentimiento, pero en fin, ese es tema para otro post. El asunto es que por aquel entonces no tenía internet en mi casa por lo que me vi forzada a salir al mundo, y es que antes de los streaming, antes de Torrent y de la maravilla que es Netflix, por allá por el 2001, había que moverse por discretos locales en ciertas galerías de Santiago si querías tener acceso a copias VHS (sí, dije VHS) del buen gore, al cine de culto en general o a ciertas joyitas del cine asiático. 

Y antes que Tumblr posibilitara el establecimiento de los fandoms, nos reuníamos en las míticas maratones de Cineadicción que se hacían en el Teatro Oriente, más de 24 horas de cine ininterrumpido, y a las que les fue tan bien que hasta tuvieron sus giras por una que otra ciudad de Chile. Tengo vívidos recuerdos de mi primera maratón, la 3, en especial porque cuando llegamos (por aquel entonces tenía dos mejores amigas con als que compartía el vicio) encontramos a tres rudos metaleros acurrucados entre sí y compartiendo una única mantita, situación que luego comprobé era bastante recurrente.


Y es que no eran sólo maratones, eran una fiesta en la que todas las costumbres sociales acartonadas pseudointelectuales como el silencio obligado eran superadas por un diálogo colectivo con los personajes de la peli proyectaba y entre nosotros mismos. Mención especial para el pobre cristiano al que le sonó el celular mientras veíamos "The Ring", la original, en aquel entonces aún no existía el remake, y para aquel otro mártir al que lo llamó su mamá a la boleteria del teatro para saber si estaba allí porque no le contestaba el teléfono, y otros más.

Era muy adolescente e impresionable, así que vi muchas películas que me marcaron: "Eraserhead" de David Lynch, "J'irai Comme Un Cheval Fou" de Fernando Arrabal, "Ichi The Killer" y "Zebraman" de Miike, "Meet The Feebles" con la que me enamoré del lado gore de Peter Jackson, y otras que nunca pude ver completas por qué me ganó el sueño como "Stalker" de Tarkovsky. Y no sólo eso, se vivía un ambiente de buena onda general y eso me llevó a organizar mis propias pijamadas con amigas, nos turnábamos las casas y pasábamos horas escarbando en algún video club de barrio a ver que sorpresa nos deparaba el destino, el que estaba en mi casa era particularmente rico en este sentido, ahí me encontré con sorpresas como "Bad Taste" de Peter Jackson, Cry Baby de John Waters y "Lost Highway" de Lynch.


Y así, entre películas de culto y maratones de Cineadicción es que recuerdo mi alocada adolescencia -hasta hubo una revista alguna vez, que atesoro-, y de hecho, no me arrepiento para nada de haberme entregado al ñoñismo, eso es lo que me permitió evolucionar a la seriefilía y compartir los reviews con ustedes. Por eso les digo que abracen su ñoño interior y que, como dijo Tyrion Lannister: 

"Never forget what you are. The rest of the world will not. 
Wear it like armor and it can never be used to hurt you" 

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