"Avatar: The Last Airbender" y todo lo que está mal con M. Night Shyamalan



Estaba preparando un especial de The Flavours Cornetto Trilogy (se viene especial Edgar Wright) pero hago un alto para comentar los siguientes videos:


Quizá para muchos estas declaraciones del Sr. Shyamalan no signifiquen nada, pero para mí, representan muchas de las cosas que creo están profundamente mal en el mundo del "arte" o -para no ofender a los más quisquillosos- de la industria cultural. Desde un comienzo creí que Avatar: The Last Air Bender de Shyamalan era una de las más ofensivas adaptaciones que jamás vi, mi reacción fue algo así como:  Ya, ¿se supone que deba tragarme este cuento?

Pero aún con todo lo mala que es, decidí ponerla en la lista de las otras tantas películas que desearía olvidar y seguir adelante con mi vida. Y las cosas iban bien hasta que me topé con estas entrevistas, hasta que me topé con toda su propotencia pseudointelectual y me hizo recordar otras tantas veces en que he tenido que enfrentar a "colegas" o gente del medio creativo/artístico/cultural y soportar sus delirios de grandeza y esa necesidad absurda de hacerse aparecer como gente importante, enfatizando el hecho de que dicha unicidad se comprueba porque la genialidad de su obra, que es producto de sus sensibilidades especiales, resulta inasequible para el resto de los pobres mortales. Así que pasé del estado zen a la furia.



Básicamente, les puedo decir que después de escuchar esto me siento ofendida en todos y cada uno de los siguientes niveles: 

1. Como realizadora audiovisual: Habiendo pasado los últimos 6 años en la universidad estudiando cine, y siendo cinéfila desde mucho antes, me parece de una patudez preocupante que justifique una película que fracasa no sólo como "adaptación" sino que como película en sí, comparando su sensibilidad a la de Hitchcock y el maestro Kurosawa y su modo de acercarse al cine con el de Woody Allen.  Comprendo la necesidad de defender su mirada, su adaptación, pero me parece de una soberbia descomunal ponerse siquiera en comparación con quienes acabo de nombrar. 

Incluso se atreve a decir que su película es la más rica en multiculturalismo que jamás conoció. Supongo que nunca escuchó hablar un tal J.J. Tolkien, lo cual es una pena porque de haber sido así, habría tenido chance de revisar la adaptación de The Lord of the Rings que hizo Peter Jackson en quien, a pesar de las modificaciones argumentales y estéticas que introdujo, podemos reconocer al menos el corazón de un fan sincero de la Tierra Media.                                            

2. Como estudiante de Estética:  Dos cosas respecto de su pretendida "sensibilidad europea": primero, las sensibilidades no son tan fácilmente homologables como las monedas, por lo que aún cuando fuésemos capaces de establecer ciertas similitudes en el ethos de los diversos pueblos de Europa, no es seguro que fuesen reducibles a una sola "sensibilidad". Por otro lado, presiento subyace en el fondo de sus declaraciones esa vieja ilusión de que Europea (y con esto quiero decir Francia, Alemania e Inglaterra, principalmente) es autoridad en materia de "arte" o de la Cultura con C mayúscula, lo que de ser así, pone en tensión inmediatamente esta valoración del multiculturalismo en favor de una mentalidad colonialista. 


En segundo lugar, su afán de reconocerse como "autor independiente" intentando justificar el poco compromiso que tiene su adaptación con aquello que es la serie (justificando en el fondo que su compromiso no es más que consigo mismo), no puede estar más fuera de lugar en un contexto donde NO SON ni la ausencia de "clichés" a los que las mega producciones hollywoodenses nos tienen acostumbrados, ni el poseer una estructura formal menos comercial, problemas que expliquen el fracaso de la película. Shyamalan podría haber puesto a los personajes en pleno siglo XXI, podrían estar rebelándose contra las ocupaciones militares de los países del primer mundo en los países de medio oriente y aún así seguir siendo Avatar, siempre que el modo en que se les presenta y nos presentan su mundo se respete, mientras podamos reconocer aquello que permanece y que hace que cada uno de nosotros pueda decir que estamos viendo esta ficción y no otra.  

Y para aquellos que nunca han visto la serie, la película fracasa allí donde no construye emoción en sus personajes, no son fuerzas sino peones en el ajedrez del argumento, y por limitar los diálogos al más básico de sus propósitos: explicar la trama. Por tanto, nada tienen que ver la estandarizada producción hollywoodense, o la falta de "familiaridad" del público con el "cine de autor" o con la "sensibilidad europea", a otro perro con ese hueso.

3. Como arte marcialista: No pretendo defender a los gringos y sus críticas, pero sí comentar aquello en lo que coincido con ellas. Aquello que el Sr. Shyamalan alega es la exigencia de "más acción" por parte del enajenado público norteamericano posee en efecto algo de verdad, pero no en el sentido "más explosiones" como él intenta explicar. 
Cualquiera que haya practicado artes marciales alguna vez, en especial como -en el caso de los bendings de esta serie- alguno de los estilos de Kung Fu, sabe que uno de los PRINCIPIOS CONSTITUTIVOS de cualquiera de ellos es la EFECTIVIDAD, la cuál se nos es dada por el poder generar con el menor número de movimientos y lo más rápido posible, la mayor cantidad de daño. Esto, porque las artes marciales no fueron concebidas para su EXHIBICIÓN, para algo así como "verse bacán" sino para su EJECUCiÓN, basta con leer por encima alguno de los textos del maestro Bruce Lee para comenzar a entender, de hecho las "formas" que son los movimientos en secuencia que se realizan no son sino la simulación de un combate, y cada movimiento es una avance, un golpe, una patada o un bloqueo. Y es por esto que todos esos movimientos que sin duda se ven bien, pero que demoran al ataque "real" son, por decir lo menos, absurdos, con el bending de Shyamalan los maestros perderían en dos segundos. 

Ahora, esto es fuego-control: 


Y esto es Tierra-control:



4. Como fan de Avatar: The Last Airbender la serie de Nick: Cuando eres fan de un manga/comic/novela o lo que sea y escuchas que va a haber una adaptación al cine/tv te bajan sentimientos encontrados, pero dejando de lado el fascismo, al menos yo soy de las que cree que hay que hacer concesiones porque obviamente en el traslado de un formato a otro no todo puede traducirse al pie de la letra. Pero una de las razones que -por ejemplo- hacen del live-action de Rurouni Kenshin una buena adaptación es que a pesar que algunos miembros del cast poseen groceras diferencias físicas con los personajes, o que no se respeta la trama tal cual ocurre en el manga, es que cuando ves a los personajes y los combates, SE TE OLVIDA TODO. No se trata solo de que "se vean igual" sino de que seamos capaces de reconocer en la interpretación de estos actores, en este caso, el espíritu busca-problemas de Sanosuke, la nobleza de Kenshin, el valor de Kaoru, el pragmatismo de Saito, incluso el dolor de Jinei cobra sentido, un hombre que no sabe vivir sin derramar sangre, que es también el drama de toda una generación de guerreros. 

                                       
Pero qué es lo que Shyamalan le quitó a estos personajes al intentar alejarse de este "infantilismo" que él alega posee el show en post de captar a las audiencias más jóvenes, son justamente aquellas cosas por las que los reconocemos. Al final, el gran  problema de su película es que se pierde en narrativas autistas pretendiendo impregnarles a sus protagonistas una seriedad que no sólo se ve artificial sino que perjudica uno de los grandes valores del programa: la valentía, exacerbada por el hecho de que se trata de niños-adolescentes que forman parte de una generación que nació en tiempos de guerra pero que está cansada del miedo y la represión, una generación que ha decidido luchar -en ambos bandos- por sus propios ideales de mundo (cuestión que no es extraña en el animé, principalmente el Shonen) Justamente su voluntad y valentía son los aspectos primordiales y el motor central de la serie, junto por supuesto, con la amistad, la lealtad y el compañerismo. 

Para terminar, no pretende este ser una análisis riguroso del ser avatar de Avatar, o del ideal avatar, porque ni es este el espacio para hacer ontología, ni se trata de la "falta de verdad" en la adaptación de Shyamalan. Se trata de la violencia, de la soberbia de ciertos comunicadores que creen que no tienen responsabilidad más que con ellos mismos, como si su trabajo no tuviese como necesidad el ser exhibido ante otros. Sin ser ingenuos, el problema del diálogo del arte con las audiencias, o más bien del autor con el espectador, es complejo y requiere una abordaje multifocal que no pretendo ni abordar en toda su extensión ni mucho menos resolver (sinceramente está lejos de mis capacidades hacer ni lo uno ni lo otro) pero sí considero de vital importancia dejar aquí planteado el problema. 

Y por todo esto es que comentarios como los que hizo son un descaro, tristemente no exclusivo de Shyamalan sino que se extiende a muchos otros "creativos", y/o "artistas" que creen que por utilizar polisílabos quedan de inteligentes cuando lo que esconden no es más que triste ignorancia y gruesa prepotencia. ¡QUE VERGÜENZA! 


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