¿Se Acuerdan de Mikami la Cazafantasmas?





Por allá por el 2000, particularmente gracias a Chilevisión, las pantallas de la nuestra TV abierta estaban sobrepobladas de japoanimación. Algunos recodamos con nostalgia los tiempos en que Dragón Ball Z, Sailor Moon, Pokemon, Inuyacha y otros shows más breves como Slam Dunk, El Detective Conan (quien no coreó el opening más de alguna vez), los Justicieros, Ranma ½ y por supuesto, Mikami la Cazafantasmas no eran monopolio del ETC sino que se les podía ver por TV no paga. 

No sé ustedes pero al menos a mí me toco bancarme los sermones supersticiosos a propósito de la violencia en la japoanimación y por qué no decirlo, su perversión. Y sí, concedámosle a los viejos que en estas series había – y no poco- de ambos, pero que nos concedan también que aquello está lejos de ejercer influencias tipo aguja-hipodérmica en nadie, y que una de sus virtudes era el presentarnos un universo más amplio y complejo de personajes y realidades que nos permitían hacernos preguntas (cosa que con todo respeto no creo susciten todas estas series Disney Channel). Hay algo en estas ficciones que te permiten ver más allá del binomio bueno/malo y agregar un poco de complejidad a la imaginación nunca es malo.

Reiko Mikami, cazafantasmas de profesión, exacerbación del neoliberalismo en espíritu. Mikami no solo representa a las chicas guapas con poder que tanto gustan en el animé sino que además se nos presenta como un personaje vil, una antiheroina si se quiere, cuya codicia es sólo comparable con su atractivo sexual, (ninguno de ellos ni remotamente disimulado) que logra hacer prosperar un lucrativo negocio cazando fantasmas dadas las condiciones de la economía mundial y los cambios que vivía el país. Tanto en el manga como en el animé se presenta a una sociedad en crisis entre sus celosamente cuidadas tradiciones y el ritmo y espacio impuestos por una carrera frenética hacia la modernización. En este sentido es Mikami una ficción que emula la tragedia faustica (sí papás del 2000, hay algo más detrás del escote de Mikami) en donde los espíritus -representando el espacio espiritual y más tradicional de la sociedad japonesa- deben ser eliminados ante el explosivo incremento del negocio inmobiliario y el nacimiento de las hiper-mega-metrópolis. Todo lo cual nos hace caer en cuenta que, para que nuestro querido progreso pueda continuar siendo tal, algo más debe desaparecer.

Por eso es que después de todo este tiempo me bajó por revisionar Mikami, aún cuando la serie solo cuenta con 45 episodios, que representan aproximadamente los 8 primeros tomos del manga (el último capítulo de la serie coincide con el número 89 del manga, que cuenta con un total de 319). Si nos les bastó con la serie mi consejo es que continúen con el manga que trae harto más para leer y podemos encontrarnos con otras facetas de Mikami y con el inesperado creciemiento de Yokoshima, junto con muchas otras aventuras de los Shikishines de Meiko, etc. Obviamente esta es una reflexión que hago pasados varios años, pero aún así debemos reconocer que este tipo de animés nos abrió las puertas hacia un espacio escasamente explorado por las producciones gringas exceptuando las ficciones de terror y le da un poco la pelea a esta para nada reñida batalla por el espacio de la cultura global (en la que EEUU sigue siendo primerísima primera potencia mundial, no es en mala onda solo atiendo a los hechos).


0 comentarios:

 

Instagram

Tumblr

Sígueme en Twitter