Silent Hill Revelation 3D: La Oscuridad Llegó Para Quedarse


Quizá les decepcioné, pero debo comenzar diciendo que hace años intenté jugar Silent Hill y fracasé, y estoy segura que de haber insistido mi entendimiento se habría sobrepuesto al shock inicial y superado la experiencia del terror y la tensión, pero lo acepto, fui cobarde. Aclaro esto para que no crean que lo que sigue es un análisis de una groupie del juego, que si se trata de ser groupie de algo, sería de Kit Harington.


Un poco tarde, pero este Jueves se entrena en nuestras salas esta Silent Hill: Revelation 3D, la que me senté a ver con el mejor de los ánimos y que terminé con bastante menos entusiasmo. Todos podemos entender que detrás exista un sentimiento por hacer asequible al público no gamer, el argumento del juego (que en esta ocasión hace referencia al 3er Silent Hill), pero toda lógica de explicación guarda secretamente esta idea de que el público no va a entender tales cosas, y asumir esto a priori no es sino insultar nuestras inteligencias. Pero dejando de lado los juicios sobre si hay o no fascismo ilustrado, debo decir que esta es una película que exagera en lo obvio al punto en que terminas por preguntarte si esta escrita así porque crean que el público es tonto, o por la propia incapacidad de los realizadores.


Para los que aún no la ven, la película nos habla de una Sharon  adolescente, que llega junto a su padre (Sean Bean o Boromir) a una nueva ciudad y nueva escuela como por décima vez desde que su mami la ayudó a salir de Silent Hill –y han cambiado sus nombres a Heather y Harry, respectivamente-, desmemoriada y con actitud de pocos amigos, Sharon conoce a Vincent (Kit Harington o Jon Snow para los groupies) quien por alguna extraña razón que presumimos es amor (aunque no tenemos idea de por qué) se niega a dejarla sola y se convierte entonces en su compañero de cruzada cuando ésta decide ir a Silent Hill a rescatar a su padre –que a estas alturas había sido secuestrado-.  

En aras de mostrar con el mayor de los efectismos y aprovechar al máximo el 3D, la película deja de lado cualquier necesidad de desarrollar los personajes para invitarlos a visitar un pueblito que parece vecino del submundo del The Beautiful People de Marilyn Manson. Haciendo uso del Jump Cut y el trabajo corporal de los actores (mención a parte para las enfermeras con sensor de sonido del hospital psiquiátrico, que lo hicieron muy bien) logra recrear esa atmósfera de terror, pero sigue siendo algo que ya había hecho don Marilyn en los 90`s, y de lo que luego se colgó Lady Gaga, hay que decirlo. Una vez aquí Sharon se enfrenta a su origen, y se entera que es el lado bueno de Alessa, quien expulsó esa parte de ella para salvarla, cual Kamisama pero a la inversa, de la corrupción que se alojó en su alma, por lo que deben enfrentarse en una batalla por liberar al pueblo de la oscuridad, aunque a esta altura ya lo único que importa es que no maten a Sean Bean, en serio, paren de matar a sus personajes.


En fin, el gran problema no es que se privilegie una cierta plástica versus el argumento, lo que sería una opción creativa más que válida, sino el que la película transite entre ambas sin decidirse por ninguna (se imaginan si David Lynch hubiese hecho esta película, nadie sobreviviría a ese visionado), y cometiendo el gran crimen de desperdiciar un buen casting, porque el tratamiento de la secuencia que le dieron a Malcolm McDowell como Leonard Wolf es francamente ofensiva. Para terminar, una película de la que cualquier mortal puede prescindir y que cualquier audiovisual debería evitar imitar.  



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