Pacific Rim (Titanes del Pacífico)

Desde que escuché por primera vez de Pacific Rim que me tincó interesante, más que nada por su coqueteo - que algunos alegarán es plagio- con argumentos tratados previamente en ciertos animéis. Sí, me refiero a los comentarios que escuché por allí de su parecido con Evangelion. Pues déjenme decirles que, no tiene nada que ver. Siendo yo misma una fan de Evangelion, les puedo decir que es un animé melancólico que trata de un héroe que es esencialmente un cobarde y al que le ha tocado asumir una lucha que esta muy lejos de sentir como suya, es una reflexión sobre la existencia y sobre el individuo,  sobre la razón instrumental y sobre Dios, mientras que Pacific Rim nos recuerda un espíritu de lucha que no está puesto en cuestión, porque la lucha se nos presenta como una necesidad.

No voy a mentirles, sigue siendo una mega producción sobre el fin del mundo y por ende, hay una serie de cuestiones argumentales que se encuentran amarradas al género, entre ellas, el sacrificio, el triunfo y uno que otro discurso "inspirador", pero ¿qué es lo que posee y que la hace extraña en su especie?. Advirtamos antes de continuar, que se trata de un futuro en que unas criaturas monstruosas nos atacan a través de un portal que se encuentra en nuestro Océano Pacífico, y que para enfrentar a estos bautizados Kaijús, los países desarrollan robots guerreros a gran escala, llamados Jaegars que son piloteados a su vez por una dupla de soldados que comparten una conexión neuronal que los conecta tanto entre sí como con el Jaegar. 

Volviendo a lo particular, tenemos primero este valor tan arraigado en EEUU; la idea de que la guerra la ganan los soldados. Y digo valor, porque en la película los grandes héroes son ellos, pero no se trata del ideal platónico del soldado, sino del soldado en su materialidad, de su necesidad de tomar decisiones y en su disyuntiva entre la obediencia y el sentido propio del deber. Y es que en el corazón del proyecto  Jaegar (y literalmente en el corazón de los Jaegar también) se encuentran ellos, los que comportan el sentido moral (y nótese que digo moral como un cumplido) de la película: luchar, así es, el gran valor de la película se juega en el espíritu combativo de estos guerreros versus la cobardía conservadora de los políticos que deciden cancelar el proyecto y levantar muros para proteger las ciudades porque prefieren ceder espacio que perder sus privilegios y comodidades. Al final, la lucha no es sólo contra los Kaijús, sino por supuesto, es política. 

Raleigh, nuestro protagonista, se presente como ese outsidder cuya única virtud es el saber pelear, y es justamente esta tendencia hacia la desobediencia la que lo hace perder una gran batalla y lo mantiene alejado del campo por 6 años. Y es a través de su relación con Mako, una científica/piloto japonesa que encabeza el proyecto de reparación de Gipsy, la antigua Jaegar de Raleigh, que él se da cuenta que la obediencia no es ciega, sino que se fundamenta en el respeto -y la admiración, me atrevería a decir- y termina por aceptar que Stacker (el gran líder del proyecto Jaegar y el que se mantiene firme en él hasta el final) la merece.  

Por otro lado, es inteligente el humor - y ojo que no por eso es una burla- con que se trata el rol de la ciencia personificada en estos dos científicos, Dr. Gottlieb como el físico-matemático y el Dr. Darwin Geiszler como el biólogo con ínfulas de rock star. El Dr. Gottlieb, con su absoluta fe en las matemáticas, las que caracteriza como "lo más cercano a la escritura de Dios" es un ejemplo de la peligrosa cercanía entre el optimismo teórico y la neurosis, como esta necesidad de estar en control de todo (incluyendo al universo), en contraposición a la necesidad de certeza de Gottlieb tenemos el espíritu salvaje y arriesgado de Geiszler, quien personifica a esos científicos que con un espíritu rebelde y vanguardista, acompañado de una imaginación fértil, le han permitido a la ciencia y al hombre avanzar hasta donde estamos hoy, esto es, el espíritu de los que ven más allá de lo posible.

Para terminar, por supuesto que todo esto va de la mano de su buena dosis de explosiones, destrucción de múltiples capitales mundiales y de luchas descomunales contra los Kaijús (la más bella de estas secuencias de acción es aquella que recuerda Mako, cuando fue rescatada de un destruído Tokio), sin mencionar que mi Jaegar favorito es absolutamente la "análoga" Gipsy Danger quien pelea con una espada, y ya todos saben de mi amor por el kendo. En resumen, bien por Guillermo del Toro que nos entregó a todos el sueño de algún día convertirnos en pilotos de una Jaegar, y bien por el gesto de incluir una mini aparición a Santiago Segura (sí, en el futuro Torrente trafica con partes de Kaijús), son solo algunas de las razones por las que deberían verla ya.



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