Culpable Incapacidad



Cuando estás por titularte y tienes que enfrentarte al hecho de hacer algo con tu vida, a menudo el mundo viene a recordarte con grandes ejemplos de gente mucho muy exitosa -algunos de ellos serán tus ex compañeros incluso- que no has hecho nada de bueno. Pero más allá del sí te conviertes o no en un premio Nobel, muchas veces tienes que enfrentar que no has hecho nada en lo absoluto y como decía Kant respecto de los hombres que con toda la libertad del mundo moderno no hacen uso de su razón, debemos reconocernos en nuestra culpable incapacidad.

Y yo soy más de esta última categoría (cuestión que no me enorgullece en lo absoluto), básicamente porque pasé gran parte de mi vida universitaria quejándome porque no había confort en el baño de la U o porque no estaba de acuerdo con las películas que realizaban mis compañeros -quienes al menos movían sus traseros y hacían algunos cortometrajes- y no fue sino luego de un largo y quejumbroso proceso de tesis, junto con uno que otro estímulo del mundo real, que me dí cuenta de lo absolutamente cómoda, inmadura y malagradecida que fui durante todo ese tiempo. Y no se engañen, no se trata de que hoy sea un ejemplo viviente de virtud y sabiduría, pero hago lo que puedo para enmendar mis años de pajerismo y autocompasión.

Y no sé si es un síntoma generacional o de clase, no sé si es porque nuestros papis nos dieron demasiados mimos y abrazos, lo único que sé es que he conocido -y en su momento me rodeé- de mucha gente que padece este mal de crecer que el mundo existe para complacerte y que todo lo que en él ocurre está directamente relacionado contigo, como si confabulara para hacer miserable tu existencia, cuando la verdad es (y pongámonos seriamente emo con esto) que podríamos desaparecer mañana y nada le ocurriría al devenir del Ser. Y es por eso que, cómo dice Yoda: 


Porque al final, y tal como ocurre en las buenas películas, las cosas no se intentan o se dicen; se muestran. Y nadie dice que tengamos que ir a trabajar de Médicos sin Fronteras o que debamos ser responsables del "Ciudadado Kane" de nuestro tiempo, porque hay que ser realista y entender que no es sólo nuestra voluntad o nuestro "talento" lo que se interpone entre nosotros y nuestros sueños (esa es la fantasía meritocrática, pero la realidad es más compleja), sino que basta con encontrar algo que amemos y dedicarnos a ello con el corazón, no sólo para nosotros, sino también para el resto del mundo y quizá, solo quizá, haya otra persona en algún lugar del planeta a la que nuestro trabajo le ayude, mientras que definitivamente a nadie le importan nuestras quejas, es en el hacer en el que radica el verdadero poder del cambio, nuestra inactividad sólo contribuye a perpetuar ese modelo que decimos odiar. 

Porque aún cuando no vayamos a pasar a la historia, ser honestos con nosotros mismos es a lo único a lo que deberíamos aspirar, y si el mundo es lo suficiente malo independiente de nuestra amargura, poco podemos hacer para cambiar las cosas si nos quedamos puteando desde la comodidad de nuestras casas. Y chiquillos, lamento desilusionarlos pero dudo mucho que ningún Gandalf se aparece en nuestras puertas y nos invite a la aventura, pero es verdad que sólo estamos a unos simples pasos de ella, y como dijo Enrique Lihn:

"Nada se pierde con vivir, tenemos
todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo"



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