Sonatine del maestro Takeshi Beat Kitano

Para aquel que no está familiarizado con el cine oriental, Takeshi (Beat) Kitano es uno de los grandes, junto a Takashi Miike, de las últimas décadas. A pesar de ser dos grandes realizadores –de culto para algunos de nosotros- son bastante distintos entre sí en lo que refiere a sus modos, claro está,  no a la maestría. Takeshi Kitano es del tipo que le gusta hacerlo todo, escribe, dirige, actúa tres cuestiones en las que muchos fracasamos por separado, pero en esta Sonatine Kitano nos demuestra su genio para desarrollar.

En esta ocasión, nos relata la historia de Murakawa (interpretado por él mismo) un jefe de la mafia que por las viscisitudes del oficio termina atrapado en una cabaña perdida en la playa con lo que queda de sus hombres. A pesar de que es una película Yakusa – la última de la trilogía iniciada por Violet Cup y seguida por Boiling Point- y por ende, la violencia le es inevitable,  la película termina por probarnos que violencia y cine comercial de acción no son inmediatamente homologables.

Hay muchos cineastas jóvenes por allí que proponen el formalismo como fin único del discurso alegando una lucha contra el cine hegemónico de Hollywood (el cine de los muchos cortes y el montaje vertiginoso) pero que resulta en películas a las que el público local no responde, no así el europeo donde les llueven galardones. Muchos de los cuales responden que la petición del público por la “acción” dentro de sus películas se debe a su condición de enajenados e ignorantes de las sensibilidades portadas por las formas artístico-cinematográficas. Bueno, Takashi Kitano es la respuesta a todo ese cine de miradas perdidas y a todos lo que creen que la violencia y las “explosiones” son elementos de entretención con escaso valor artístico (sea lo que sea que valor artístico signifique en este sentido) pues un maestro como este toma un elemento sensible de la sociedad japonesa como lo fueron los Yakusa  y no sólo se contenta con retratar un mundo y/o plantear una denuncia sino que nos acerca al verdadero horror de las pandillas; este tener miedo constante, este aprender desde muy joven a morir.

Sonatine, es una película bella no sólo ni principalmente por sus encuadres o el pausado ritmo del montaje, lo es primero por su capacidad de representarnos un mundo habitado por personas antes que estereotipos y más importante aún, personajes con los que podemos relacionarnos aunque nos resulten tan distintos a nosotros y sentir igualmente su dolor. Se trata de una obra honesta y en ese sentido íntima –fiel testimonio del estado emocional del propio Kitano por aquel entonces-, intimidad que comparte con nosotros con belleza, sin la necesidad de recurrir a complicados artificios formales, con sutileza, simplicidad y sobre todo; emoción.


Finalmente, si usted no está familiarizado con la obra de Kitano, Sonatine es un buen punto de partida y ojalá le queden ganas de continuar explorando su obra. Ahora, si usted es un asiduo del cine de acción y cree que verá litros y litros de violencia sin motivo ni consecuencias se llevará una decepción aunque si se anima de todos modos, se llevará una gran sorpresa al final.





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