The Man From Nowhere (Ajeossi)



 Corea del Sur-2010

Ajeossi es una de esas películas que me encanta sin saber bien por qué, de esas que mi formación universitaria y mi condición intelectual-artístico-prefesional me obligan a negar tres veces -como Judas- y que se terminó convirtiendo en un placer culpable.

Trata de una pequeña niña surcoriana que tiene como apodo “bote de basura”, su madre se lo dio porque se fracturó los dedos del pie al patear un bote de basura cuando supo de ella (nota al pie, madres como estas son testimonio viviente que ni la heterosexualidad ni la condición de género son garantes para una paternidad responsable). Después de un par de años So Mi -el verdadero nombre de bote de basuta- es secuestrada por una banda de narcos y traficantes de órganos después que su yonki madre les hiciera una jugada y se quedara con algo de la droga.

Pero como no todo en la vida es sufrimiento, la pequeña So Mi cuenta con aliados poderosos, y aquel extraño tipo dueño de una tienda de empeños y a quien ella llama Ajeossi -o sea señor, nunca le llama por su nombre real, Tae Sik-. El vecino que una vez le dio la espalda pero a quien ella decidió perdonar porque, como se lo cuenta la propia So Mi, si lo odiase entonces no le quedaría nadie más en el mundo a quien querer, y quien resulta ser un súper atractivo ex militar quien hará todo lo posible y lo que no por rescatarla.

Por el argumento es imposible no compararla con Leon The Profesional o Taken, tiene la ternura y emotividad de la primera y la acción el suspenso de la segunda, e incluso una escena de transformación estilo Taxi Driver. Obviamente carace de la astucia con la que Scorsese diseñó esta última, así como del carisma de Gary Oldman y de una pequeñísima Natalie Portman en la primera pero, si tengo que ser honesta, el ritmo, la trama y Bin Won -sobretodo Bin Won- logran una combinación que trasciende sus obvias referencias.

Una película de acción al estilo Luc Bresson puede no ser sencillo de emular, en especial para una industria en crecimiento como la surcoreana, pero lo refrescante de revisar la filmografía de este lado del mundo es que no hay censura para hacer evidente el despotismo del primer mundo y de la primera potencia mundial y que, de cualquier modo estamos frente a una sensibilidad distinta, aunque hay que asumir que las producciones pop de la propia Corea del Sur se asemejan bastante a la cultura gringa cuya influencia les es posible ocultar. O sea, si nos ciñéramos a los doramas y el k-pop pensaríamos en Corea como una suerte de Edén lleno de supermodelos, colores y accesorios exóticos de todo tipo, aún así, existen costumbres, problemas y modos de comprender que no señor son tan fácilmente susceptibles al intervencionismo extranjero y que están presentes aquí.

En resumen, Ajeossi es una película lo suficientemente explosiva como para mantenerte al pendiente de la acción, dicho sea de paso que Bin Won nos muestra unas buenas secuencias de artes marciales mixtas, pero con una trama atractiva y emotiva de modo que lleguemos a interesarnos genuinamente por el destino de sus protagonistas. Y sobretodo, una prueba de la expansión de géneros y relatos más allá del monopolio que es Hollywood. 





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