Cosmópolis













2012
Dir: David Cronenberg 

Hace un tiempo discutía con un amigo que  frente a la adaptación de una obra a otro formato uno puede tomar una de dos posturas: la de grupie/fan nazi o la del entendimiento y flexibilidad frente a la reinterpretación. Nos pasa a todos en todo orden de cosas, desde El Señor de los Anillos hasta El Club de la Pelea, pasando por los clásicos como The Clockwork Orange y 1984, y por supuesto le pasa a Cronenberg con Cosmópolis (aunque les confieso que más que la adaptación de Cronenberg sobre la novela de Don Delillo me preocupaba más que tendría que ver Robert Pattinson en todo esto).


Frente a la autodestrucción del homo mensura simbolizado en la figura de Eric y su neurótica necesidad por reducir el universo a una serie de protocolos numéricos que descansa en la soberbia del optimismo teórico y su subsecuente tecnocracia, Don Delillo opone a Benno quien representa la aberración que el propio sistema reconoce dentro de sí (como lo explica Vija Kinski en la limusina cuando comenta que el capitalismo provoca sus propias crisis para luego salir victorioso) como pausa necesaria, y que le hace visible a Eric el motivo de su propia autodestrucción: debiste haberle hecho caso a tu próstata asimétrica. Esto como un modo de hacernos entender que la gran crisis posmoderna (que molesto es hablar de posmoderno después de todo lo que se ha manoseado el término) se produce porque aún con nuestros afanes más impetuosos por imponer nuestro criterio a la naturaleza, la naturaleza siempre se nos escapa y nos recuerda nuestra condición de subordinados.

Ahora, lo que ocurre en la película es otra cosa, y lo que entiendo es un Cronenberg que utiliza un tratamiento clínico homologado a los afanes técnicos de nuestro querido Eric (tensión que llegaría a su máxima expresión cuando Benno le obliga a decir que acepta que gente como él, es posible), lo que se traduce a una película fragmentada que más que explicaciones nos plantea sentencias y procedimientos lógicos, lo que puede hacernos sentir una cierta falla en la exposición de  motivos de nuestros personajes, aunque creo que más bien obedece a un modo de enfrentar a dichos personajes como vehículo de ciertas ideologías antes que como personas, y a las ideologías se les discute y se las interroga.

 
 
Al final se trata de una película extraña, en el sentido de empujarnos a la extrañeza con la historia y con sus personajes, que tiene muy buenos momentos y otros no tanto pero que logra en general entender bastante bien el sentimiento que cruza a la novela. Y, lo que creí que jamás diría, Pattinson hace bien su pega. Al salto el tráiler.  







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