50/50 Porque todo puede ser


Recuerdo que me senté a ver 50/50 por dos razones: es una comedia liviana (pensé) protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, nada podía salir mal. Y afortunadamente no me equivoqué, porque esta es una película casi terapéutica sobre el egoísmo y la autocompasión versus la familia y la amistad. De hecho me desilusionó bastante su discreto paso por nuestras salas de cine, con la cantidad de neuróticos y depresivos dando vueltas por allí, uno esperaría que esta peli resultaría ser todo un hit pero no, lamentablemente así funciona el mundo del cine comercial y los efectos especiales (y no es que reniegue de ellos, pero aceptemos que hay harto film basura con explosiones, malas actuaciones y empelotamientos como si fuese el fin del mundo, por allí) quitándole espacio a películas bellas como esta, no sólo por tratar temas dramáticos sino por el modo de hacerlo, más allá de los idealismos y los clichés, con mucha honestidad, y la honestidad al contar una película es un bien cada vez más escaso.

La trama es bien simple, un veinteañero independiente y temeroso de Dios (no tiene Licencia de Conducir porque los accidentes de tránsito son la 4ta causa de muerte en el país) es diagnosticado con cáncer y debe someterse –y por ende a todos los que lo rodean- al complejo tratamiento y su vida se va reduciendo poco a poco a citas médicas, malestares generales, terapeutas y quimio, además de lidiar con una madre sobreprotectora, una psicóloga aún no egresada, una novia-artista y su bohemia y con un bro que utiliza la enfermedad como gancho para conquistar chicas, para toda una pesadilla pero lo cierto es que el tratamiento es tal que terminas enamorándote de sus personajes (a quienes se quita poco a poco desde el estereotipo y se les llena de humanidad) y sus torpezas porque al final todos hemos metido la pata tratando y sido excesivamente brutos e ignorantes tratando de hacer el bien a alguien.

Pero ¿Qué es lo tan maravilloso de esta película? Yo diría que dos cosas: por un lado la honestidad y el evitar sobredramatizar la situación de Adam (nuestro protagonista) lo que evita que nos perdamos en la fantasía compasiva (como lo hacen todos sus compañeros de trabajo y gente que conoce en la calle) para poder entender que enfermo o no, también se equivoca y actúa como un imbécil, que es lo que le hace ver Katherine (Anna Kendrick) su joven e incómoda terapeuta cuando le echa en cara lo egoísta que ha sido con su madre, quien vive con un esposo con quien no puede conversar (porque el padre de Adam tiene Alzheimer) y con un hijo que no quiere hablar con ella. Por otro lado,  la historia fluye con tanta naturalidad que hace parecer tan fácil el contar un buena película -y Dios sabe, o los que alguna vez lo hemos intentado, que no es para nada así, de hechos las chances de arruinar una buena historia con malas decisiones de realización son abrumadoramente altas- y te permite conectarte inmediatamente con ella y con todos sus personajes.

Otro de sus puntos fuertes entonces, son sus personajes, en especial Kyle -el bro- y Katty la terapeuta. Desde hace mucho que no me gustaba tanto una película, y que no la recomendaba con una sonrisa, probablemente por mi mala costumbre de involucrarme con películas oscuras o grandes dramas trascendentes, pero 50/50 no es nada de eso. Es la historia de un tipo al que le detectan un cáncer y debe lidiar con ello, y se da cuenta en el proceso que él también ha sido un completo imbécil como amigo/hijo/paciente y actuado como toda una diva, porque al final, todos necesitamos a alguien y aunque a veces deseemos estar solos para argumentar que nuestro dolor es el más supremo del universo, no hay nada de qué avergonzarse en dejarse querer y pedir algo de ayuda.

 50/50 no es una película para decir: debo ser feliz porque podría ser peor, podría estar muriendo, sino una película para decir: se puede estar muriendo y aún así seguir siendo un idiota egocéntrico y autocompasivo que se jura autosuficiente y reniega de quienes se preocupan por él, lo que en lo personalmente, me resulta más que aterrador. Es la clase de películas que te obligan a pensar en lo que realmente está mal en ti pero no para hundirse en la depresión sino para entender que todos tenemos una segunda oportunidad si hay voluntad, es al final, una película optimista, para quien necesite de ella. 



 

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