Fish Tank Mini Review: Recuperando la fe en el Cine


Fish Tank es de esas películas feas (del feísmo, de la estética del hambre), de esas películas que no te hacen sonreír pero tampoco te hacen llorar, de esas películas que no te ofrecen redención ni final feliz. Fish Tank es de esas películas que sólo te hacen preguntas, que no te dan explicaciones, que te obligan a pensar, en el sentido estricto. Y es una película sencilla, porque no se requieren piruetas técnicas ni preciosismos cuando se tiene un algo que contar.


Mía es una adolescente británica atrapada en un hogar en el que sólo encuentra el egoísmo de una madre que reniega de sus hijas porque la obligan a tomar el papel de adulto y por ende, a envejecer. La historia de Mía es la de una adolescente enojada e incomprendida, atrapada en la miseria y la soledad y que, en la desesperación de su soledad termina por entregarle su afecto al primer desconocido que se le cruza por delante, literalmente, se enamora de Connor el nuevo novio de su madre (un encantador y sensual Michael Fassbender). Y es que Connor conecta con Mía en el único otro espacio que parece hacerla feliz, el hip hop y el baile, y no es tan difícil ganar el afecto de la pobre y solitaria Mía cuando se es el único que le dirige palabras de afecto y parecer creer en su talento.

Hasta aquí todo parece tan simple que raya incluso en el cliché, la chica está sola y no tiene recursos, se enamora del tipo adorable y galán, el tipo la utiliza y le rompe el corazón pero la chica levanta y lucha día a día por realizar su verdadero sueño: bailar. Imaginen que tan pop podría llegar a ser si le añadimos secuencias capitulares de Mía entrenando hasta el agotamiento y una fuerte banda sonora, y por supuesto, un mentor. El que no ocurra nada de esto me devuelve la fe en el cine y su capacidad para generar reflexiones emancipatorias, me hace creer que no me equivoqué de medio y me hace preguntar asimismo, por qué teniendo posibilidades como las que nos ofrece Fish Tank, se termina haciendo tanto de lo otro.

Porque verán, Mía no es Jessica Alba (es interpretada por una hermosa Katie Jarvis), Mía no será redimida por su sueño de convertirse en bailarina, los sueños de Mía solo la conducirán a más desolación y serán aplastados por la realidad. Mía no se unirá al ballet de algún programa de entretenimiento, ni al staff de algún famoso. Mía está atrapada por su condición y no tiene a nadie en quien confiar, el único en quien confiaba termina siendo un cobarde e igualmente egoísta que su madre (que parece ser el carácter de todos los rol que ha interpretado Fassbender en los últimos años, como la fijación de Leo Dicaprio por los personajes con esposas muertas que los atormentan), pero lejos de verse a sí misma como la víctima e iniciar un berrinche de niña mimada, toma la decisión más sensata de todas; abandonar la pecera a la que ha estado confinada toda su vida e independizarse, aún cuando sabemos que lo que le espera no es necesariamente mejor, tampoco queda nada para ella en su “hogar”.

Este negársenos el final feliz, o la redención es lo que hace a Fish Tank un respiro a las películas gringas sobre superación, pero también al cine de paisajes y miradas perdidas, porque Mía respira, siente y actúa, sobretodo actúa. Si usted está cansado del universo rosa y desea ver una película honesta que no le pondrá las cosas fáciles, comience por esta.



 

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