13 Assassins y el Shogun según Takashi Miike



Sé que existen otros como yo, otros que comenzaron su etapa gore con Maldita Sea y que encontraron el nirvana saguinario en las maratones de Cine Adicción. Sé también, que habrán esperado como yo la Hostal de Eli Roth solo por el paneo al señor Miike, que es la única escena verdaderamente escalofriante. Debo confesar que desde allí que no me ponía al día con su cine, que lo último que vi fue Zebraman, una rareza de aquellas en la que cambiamos la violencia explícita por la ironía en una suerte de bofetada a todo el universo de superhéroes gringos.




Por aquel tiempo, nada me revolvía el estómago, nada, a excepción de ICHI THE KILLER. Aquella escena en que Kikahara cercena su lengua en primer plano sin cortes, es la única vez en que me he visto forzada a cerrar los ojos y es una impresión que me ha quedado desde entonces. Para ser honesta, cuando escuché de 13 Assassins temí que Miike –quien siempre me ha parecido una suerte de Palahniuk japonés- fuera a comprometer su mirada por tratar de calzar en un género histórico tan magistralmente trabajado por Kurosawa,  afortunadamente no estuvo ni cerca de ser así.


Sabemos que esta es una película de Takashi Miike, cuando el llamado a la acción del héroe es la súplica de venganza y más aún, de Masacre Total, de una pobre joven cuyas extremidades y lengua fueron mutiladas por Naritsugu (hijo del ex Shogun y un sádico sin remedio) en un de sus tantos arranques de prepotencia y aburrimiento (la clase de personaje que haría parecer a Joffrey Lannister nada más que un bebé de pecho), una mujer que ha sufrido en carne el horror del espíritu humano, algo que Miike trabaja con frecuencia, algunos recordaran como terminó Shigeharu Aoyama en Audition.

Pero no nos confundamos, no se trata aquí de hacer un festín de violencia gratuita (como los hay y muchos), para mí lo que Miike siempre hace con sus salidas de madre es el llevar al extremo de lo evidentemente ridículo cuestiones que resultan problemáticas para su propia sociedad, muy a lo Palahniuk como ya decía, y 13 Assassins no es la excepción. Partir por llamarlos asesinos y no samuráis es un modo de hacer visible que un nombre no cambia necesariamente la naturaleza de un oficio y, en última instancia, el ser asesiones les permite algo que los samuráis no poseen; libertad.  La película trata de este grupo de asesinos contratados para matar a Naritsugu ya que por razones políticas no es posible detener su influencia, probando hasta qué punto somos capaces de llegar para defender un poder aun cuando atente contra todos los derechos civiles de mundo, la tradición es más fuerte. Otro aire que se respira en esta peli es el comienzo de la emancipación de un pueblo, cuando las condiciones sociales hacen imposible la vida, entonces surgen las revoluciones, después de todo a la muerte de Naritsugu le seguiría una larga y sanguinaria guerra civil –hay una escena en la película en la que el río se tiñe de sangre, una referencia muy utilizada para describir ese periodo- que culminará con la restauración Meiji y el fin del feudalismo en Japón.

En resumen, 13 Assassins nos cuenta el drama de un país con humor y no por eso con menos seriedad. Como es usual, Miike encuentra la ironía en todas aquellas cosas que parecen tabú en su sociedad, la tradición como el absurdo, la violencia desmesurada como el ridículo y para ello se ríe las veces del propio género. No se engañen, no es una película que se burle de los samurais, es una película que se hace preguntas sobre el por qué nos ponemos cadenas, y Miike pone en palabras del loco -a lo Nietzsche- las reflexiones más sabías: ¿por qué ustedes los samurái son tan arrogantes?. Aunque me duela admitirlo, no hay mucho de admirable en una vida de esclavo. Aquí les dejo el tráiler.




 

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